El teatro como movimiento e instrumento de acción colectiva en Colombia

 


Theater as a movement and collective action instrument in Colombia

 

Ariolfo Velasco Quesada[1]

 

Vol 1, No 1 (2017): julio - diciembre

Revista Tecnológica Ciencia y Educación Edwards Demings

Pag 21- 34

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Resumen 

 

Los movimientos sociales en el mundo han sido una motivación significativa para el cambio y la transformación social dentro de entornos políticos, económicos, religiosos y, especialmente, de modelos gubernamentales. En ellos, interactúan manifestaciones desde diferentes ángulos, no propiamente relacionadas con las marchas; entre ellas, está la manifestación artística a través del teatro, que ha sido fundamental para la puesta en escena de las múltiples formas de desigualdad social, buscando la reflexión de cada uno de los grupos que confluyen socialmente y, por supuesto, de los actores directamente implicados. Este ensayo, a modo de reflexión, habla del papel preponderante que ha tenido el teatro como movimiento e instrumento de acción colectiva en Colombia, herramienta efectiva en la construcción de conciencia social.

 

 

Palabras clave

 

Teatro, Movimientos sociales, manifestación artística

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Abstract

 

Social movements in the world have been a significant motivation for social change and transformation within political, economic, religious and, especially, governmental models. In them, manifestations interact from different angles, not properly related to the marches; Among them, there is the artistic manifestation through the theater, which has been fundamental for the staging of the multiple forms of social inequality, seeking the reflection of each of the socially converging groups and, of course, of the actors directly involved This essay, by way of reflection, talks about the preponderant role that theater has had as a movement and instrument of collective action in Colombia, an effective tool in the construction of social conscience.

 

Key words

 

Theater, Social movements, artistic manifestations.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1.   INTRODUCCIÓN

 

En la actualidad, el mundo presenta todas las situaciones de desigualdad desencadenadas por la injusticia social, política y económica, que se extienden sin control a cada uno de los sectores en los que confluye la sociedad contemporánea. No hay miramientos, especialmente, a esos sectores de alta vulnerabilidad a los que Charles Tilly llama “poblaciones súbditas” (Tilly, 2000, p. 203), aquellas que se ven obligadas por sus gobiernos a la explotación y exclusión, que deben desposeerse de sus bienes para rendir tributo a sus dirigentes. Situación que lleva a una denigración del ser y que como fruto desata la reacción del mismo por hacer valer sus derechos, buscar alternativas de distinta índole que le permitan pertenecer, ser visible social y políticamente y que se les abra espacios de participación para la expresión de sus opiniones.

 

A lo largo de nuestras vidas y desde nuestro quehacer, vemos cómo circulan en nuestro entorno un sinnúmero de injusticias, que evidencian a diario toda una suerte de fenómenos en los que la desigualdad y el abuso por parte de los gobiernos hacen que se manifiesten esas inconformidades que todo el tiempo reprochamos, pero que no somos capaces de denunciar ni de exigir el respeto de aquello que a simple vista se nos está vulnerando. Pero no solo la desigualdad política, económica y social es la que genera inconformismo o malestar, también vemos otras problemáticas que, de igual manera, siembran el accionar de la humanidad como las guerras, el cambio climático, “el medio ambiente, la transparencia, los componentes étnicos” (Somuano Ventura, 2007, p. 51).

 

Los movimientos sociales y su acción colectiva permiten visibilizar esas inconformidades, esos fenómenos de injusticia y desigualdad que tienden a la denigración y destrucción del ser humano. Los movimientos sociales y sus organizaciones se han convertido en medios de expresión y canalización de demandas de ciertos grupos o sectores de la sociedad (Somuano Ventura, 2007), para manifestarse ante los sectores políticos y exigir esa igualdad inherente a la sociedad. Claramente, la acción colectiva induce a la conciencia sobre esos fenómenos, a la necesidad de actuar para procurar un cambio contundente que le devuelva al individuo y su entorno la dignidad y el respeto, usurpados por intereses particulares o políticos.

 

Todas las naciones, todos los estados, sin importar modelo económico, político y social, se ven obligadas a las manifestaciones organizadas por estos movimientos en búsqueda de ese equilibrio, de una igualdad, como expone Jesús Casquette, “igualdad real y no sólo formal entre géneros y ciudadanos, un mayor respeto a las bases naturales de existencia, promocionar el diálogo como alternativa a la disuasión como principio directriz en el ámbito de las relaciones internacionales, etc.” (Casquette, 2001, p. 195).

 

Ese accionar se relaciona generalmente con las manifestaciones en distintos escenarios como la plaza pública y las calles, a través de marchas, protestas, bloqueos, paros; buscando visibilidad a través de los medios masivos de comunicación, los medios alternativos y todos aquellos instrumentos que les permita mostrarse y hacer legítima su movilización; y un nuevo medio como los son las redes sociales virtuales y el uso de los dispositivos tecnológicos para lograr mayor efectividad en la consecución de sus objetivos. Y en estos últimos sí que lo tienen bien claro los nuevos movimientos sociales, puesto que:

 

La comunicación ha adquirido una mayor importancia, se intuye que para cumplir sus objetivos ya no basta con contar con una organización adecuada, ser independientes económicamente, tener unos objetivos justos y contar con una situación social favorable, es indispensable incidir en la opinión pública.

Se trata de poder influir en los centros de decisión. A este fin se ha abierto la posibilidad de poder trabajar en red. Procesos que se han facilitado con el uso de las nuevas tecnologías (Carraro, 2000, p. 2).

 

 

Pero al interior de estas manifestaciones, las cuales no solo están las relacionadas con el accionar en los espacios públicos, existen otras maneras de conseguir la atención y de llegar a la conciencia del ser, una forma activa de alto posicionamiento crítico, voluntad de interacción con el ámbito social, vinculación con la especificidad del lugar y el compromiso con la realidad que promueven actividades prácticas desde un punto de vista alternativo (Parramón, 2002). Se trata de todo lo relacionado con el accionar del arte: teatro, danza, música, pintura, grafiti y demás manifestaciones que buscan llegar a la conciencia social, transformar la realidad de un barrio, una localidad, una ciudad, un país.

 

De estas manifestaciones artísticas, el teatro ha utilizados sus escenarios para dramatizar la realidad moviendo las fibras de sus espectadores, atacar la indiferencia y crear conciencia, no solo en los círculos sociales, también en la vida política cuya elevada crítica aborda aspectos como la violencia, el desplazamiento, la corrupción, la desigualdad social, la inseguridad y factores urbanos, entre otros. De ahí que, como estrategia, los movimientos sociales han vinculado a sus colectivos la participación de grupos teatrales, incluso la formación de sus integrantes para el uso de la teatralidad que redunde en esos niveles de conciencia y de trasformación social.

 

A partir de esto, a través de este ensayo se aborda cómo el teatro, como expresión artística y manifestación social, especialmente en Colombia, cumple una función como movimiento social a través de esos colectivos que, a través de la dramaturgia, enmarcan aspectos esenciales de lucha y búsqueda de libertades en lo local y territorial, “ligados a los movimientos sociales y políticos, que en resistencia frente al neoliberalismo, construyen, además de resistencia cultural, poder popular, y conciben al teatro como teatro-movimiento” (Devesa, s.f.).

 

 

El movimiento teatral como instrumento de lucha

 

 

El teatro como herramienta de lucha en los movimientos sociales ha contribuido a develar las prácticas de resistencia y de luchas populares y sociales, gestando así, lo que se conoce como teatro político. En Colombia nace este nuevo movimiento de teatro como una forma política de denuncia, de resistencia y de reivindicación con las clases sociales bajas, con las comunidades vulneradas, con los violentos y los violentados, víctimas y victimarios. Nuestro país lleva más de 50 años de guerra interna de la que se han derivado fenómenos como la violencia entre grupos armados y del Estado, involucrando a la sociedad civil, especialmente a la población campesina, siendo la más vulnerada en sus derechos y en su dignidad humana. Asimismo, el fenómeno del desplazamiento forzoso evidencia la falta de protección por parte del Gobierno, viéndose la población obligada a despojarse de sus tierras, perder su identidad y desligarse de su cultura para aventurarse a unas nuevas formas de vida ajenas e impuestas por condiciones obligadas gracias al conflicto. Estos aspectos, arraigados en las dinámicas sociales de nuestro país, son abordados por el arte escénico como canal de expresión para sentar protesta, propiciar la inclusión, abrir espacios activos de participación social mediante procesos alternativos dirigidos a la emancipación. “Se concibe como un espacio de encuentro donde, de manera transdisciplinaria, se trabaja con instrumentos procedentes del teatro, los derechos humanos y la acción social, entre otros” (Muñoz y Cordero, 2016, prr. 23).

 

Pero aun cuando el reconocimiento no sea tan visible como una marcha masiva o una protesta, el teatro logra un impacto significativo desde el mismo teatro- movimiento y la poética, permitiendo generar cercanía de lo socialmente involucrado directa o indirectamente, y afectación en aquellos que se ven como los enemigos que justamente corresponden al poder, llámese represión desde la fuerza pública, funcionarios, políticas de gobierno y otros interesados en mantener esas dinámicas de desigualdad y opresión.

 

Constituyen una nueva forma alternativa de superar lo micropolítico y micropoético, ya que no entienden el teatro, el arte, la cultura en general, la educación, entre otros, como áreas aisladas, sino como un proyecto colectivo para pensar un mundo mejor (Devesa, s.f., prr. 8).

 

En este sentido, cabe destacar la persistencia de los colectivos teatrales por hacer sentir sus voces y procurar llegar a todo público, de tal manera que repercuta en la búsqueda de ese mundo mejor. Esas manifestaciones artísticas profundizan en las luchas ideológicas de los movimientos, inciden en los procesos sociopolíticos en sus públicos, especialmente entre sectores de las clases baja y media, que logran identificar mecanismo de lucha para la reivindicación social.

 

Dentro de estas propuestas, en Colombia existieron compañías teatrales que adelantaron esos nuevos mecanismos de lucha y resistencia a través del teatro. Ejemplos claros como el movimiento enmarcado en lo que fue el Nuevo Teatro que dio paso a esos verdaderos movimientos nacionales de teatro (Mejía, 1976), que se gestaron en ciudades como Cali y Bogotá. El Teatro Experimental de Cali (TEC), la Casa de la Cultura, los teatros La Candelaria, La Mama y Libre, y la Corporación Colombiana de Teatro en Bogotá, hicieron parte de ese movimiento que se gestó entre 1960 y 1975 para mostrar en las tablas lo que sucedía en el país con el despliegue de la guerrilla de las FARC, también, sobre el forzoso desplazamiento de las familias campesinas hacia las ciudades, acosados por la violencia antipopular de los años 50 (Mejía, 1976), y como esas, muchas otras piezas que daban cuenta principalmente de estas causas. De igual manera, los colectivos de jóvenes derivados de las universidades empezaron a ver la necesidad de contribuir mediante sus creaciones, a través del teatro experimental, en el despertar de esa conciencia dominada por el yugo estatal y la opresión del modelo capitalista promotor de esas desigualdades, haciendo expresas claves políticas más o menos izquierdistas, develando “el sentido y el compromiso del cambio revolucionario y la disolución de las viejas caretas ideológicas (…) que hasta los clásicos se

‘contaminan’ de dicha rebeldía” (Ibid, p. 162). De toda esta corriente se desencadenaron piezas teatrales como Guadalupe Años Sin Cuenta, cuya historia trataba sobre un campesino, “líder de la guerrilla liberal más fuerte de las formadas a raíz del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, y uno de los que inocentemente había aceptado el llamado del gobierno a realizar un acuerdo de paz, oportunidad que habría aprovechado el Ejército para asesinarlo” (León Palacios, 2017). Un relato nada ajeno a la actualidad nacional que hace que se siga batallando por el respeto de los derechos humanos mediante estos mecanismos artísticos para lograr calar en esas conciencias políticas avasalladoras de un poder cruel e indiscriminado. La vida de Galileo Galiley, otra de esas piezas teatrales, cuya adaptación traía a la realidad inmediata hechos de la II Guerra Mundial a la vida universitaria de la época. Otros montajes significativos fueron El abejón mono, Nosotros los comunes, La historia de Milciades García y I took Panamá, entre otras obras que se adaptaban para develar situaciones adversas de la política nacional y las estructuras de poder.

 

Algo que definitivamente no podía ser bien visto por aquellos a quienes la crítica les caía directamente. Es así que se manifiestan planes para acabar con algo incómodo que crecía desde la teatralidad. La meta era acabar con el movimiento teatral colombiano y que para tal objetivo se habían coludido “los poderes económicos, oficiales y privados del país” (León Palacios, 2017), haciendo que las compañías entraran en disputas y se distanciaran para dejar de trabajar por un bien común, como el que se habían trazado; entraron intereses partidistas, entre ellos el generado por el Partido Comunista y el Movimiento 19 de Abril (M-19).

 

La actualidad

 

 

Los elevados índices de pobreza, el fenómeno del desplazamiento, la firma de los acuerdos de paz, la creciente oleada de asesinatos de líderes sociales en Colombia, los desbordantes actos de corrupción, la inseguridad imperante en las ciudades y el recrudecimiento de la guerra en las regiones, siguen siendo el plato fuerte de cada día en nuestro país. Algo por lo que la movilización y la acción colectiva no dejan de manifestarse. De tal suerte que el teatro, como expresión artística, ha seguido su campaña, por así decirlo, uniéndose a las voces de protesta en busca de la sensibilización ante dichas problemáticas.

Es así como el 25 de noviembre de 2018, en el marco de la celebración del Día Internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer, la dramaturga Patricia Ariza, quien lidera una escuela de mujeres, fue cofundadora del ya mencionado Teatro de la Candelaria, además dirige la Corporación Colombiana de Teatro y los festivales Mujeres en Escena y Alternativo de Teatro, sentó su voz al rapar su cabeza en un acto de protesta contra el asesinato de líderes sociales. Su escenario fue el Parque Nacional de Bogotá donde Ariza estaba sentada junto a siete mujeres y cargaba con un letrero que rezaba: ‘Que luchar por la paz no me cueste la vida’ (ElTiempo, 2018). Son situaciones que repercuten, que reinciden en la historia nuestra, de tal manera que trajo a la escena la obra Guadalupe en los años Sin Cuenta, que originalmente fue dirigida por Santiago García, en los años 70 para el Teatro La Candelaria. La temporada de este montaje teatral se presentó entre el 6 de febrero y el 2 de marzo en el Teatro la Candelaria, con apoyo de la Corporación Colombiana de Teatro. La obra relata el nacimiento de las guerrillas de los Llanos Orientales, tomando como inspiración el personaje del líder liberal Guadalupe Salcedo Unda, quien fue asesinado por un coronel del Ejército. Es así como se ratifica el hecho de que mediante el arte se busca despertar la conciencia colectiva sobre problemas sociales que no dejan de presentarse en la realidad colombiana, cuya indiferencia del Estado legitima la violencia como acto para salir de la incomodidad que generan las personas que propenden por el bienestar de sus comunidades.

 

De igual manera, recientemente, en el marco de la Semana Sabana Centro, celebrada en el municipio de Cajicá, Cundinamarca en Colombia, organizada por la Corporación Universitaria Minuto de Dios – UNIMNUTO, del Centro Regional de Zipaquirá, un grupo de estudiantes, liderado por la profesora Amanda Castiblanco, presentó la obra “Temístocles, Isla de Paz”, en la que se evidencia una problemática social tan marcada en el país, como es el caso de los asesinatos a líderes sociales. Se relata así el caso de Temístocles Machado, un líder social del municipio de Buenaventura, asesinado el 27 de enero de 2018, por sicarios contratados por una organización criminal que tenía como objetivo silenciarlo. El caso de Machado, tiene antecedentes consignados en el portal web El Pacifista:

 

Desde comienzos del año 2000, cuando se construía la vía Altera Interna en Buenaventura, Temístocles Machado denunció amenazas en su contra por oponerse al proyecto, el cual fracturaba al barrio Isla de la Paz en dos. Las comunidades locales lo han dicho hasta el cansancio: con esa vía se valorizaron los predios y comenzaron a aparecer foráneos a reclamar los terrenos, falsificando documentos o despojando violentamente a los habitantes. La ausencia de titulación de tierras y la indiferencia del Instituto Nacional de Vías (Invías) precipitaron un escenario desolador para los pobladores que, por lo menos desde 1940, habitaban la comuna 6. (Valenzuela, 2019)

 

Son estas situaciones las que inspiran esas piezas teatrales que acentúan el quehacer de los movimientos sociales suscritos desde el arte, eso que se podría enmarcar en lo denominado “artivismo” que se inscribe en la historia del arte crítico, entendido como aquel que, como referencia Delgado (2017) a Jacques Rancière, “se propone hacer conscientes los mecanismos de la dominación para transformar al espectador en actor consciente de la transformación del mundo” (Delgado, 2017, p. 6)

 

2.     CONCLUSIONES

 

 

El arte es y seguirá siendo vehículo de transformación que, mediante la sensibilización, logra llegar a esos actos de conciencia a los que el ser humano, por sus múltiples ocupaciones puede llegar a ignorar, atribuyendo a la indiferencia, la falta de compromiso social y generador de cambio. En este caso, es el teatro el que logra mover esas fibras, buscar el llanto, aterrizar a la realidad, gracias al poder de la dramaturgia, que socava en lo más profundo del ser el deseo de hacer algo, de promover un cambio real. De entender que lo que pasa en nuestro entorno no es ajeno, y que, si nos toca, seamos lo suficientemente fuertes para reconocerlo y promover la acción y la participación en lo colectivo.

Son los niveles de pobreza, de desigualdad, de violencia indiscriminada, los actos de corrupción, el desequilibro social de clases, la falta en la calidad de la educación, la pérdida de valores y los malos gobiernos, los que nos obligan a movilizarnos, a usar todos los mecanismos necesarios para hacer valer derechos, dignidades, igualdades, justicias. En el teatro se muestra, de una manera que pareciera ficción, la realidad de lo que nos toca, nos afecta y marca nuestra historia.

 

Ahora, ¿qué repercusión ha de tener en los que mueven los hilos del poder, de quienes nos someten, en los que nos gobiernan? No todo es eterno y llegará ese momento en que los resultados sean más efectivos de lo que ha podido ser hasta ahora. Una paz duradera, un equilibrio social acertado, unos mejores niveles de educación, mejores garantías para el respeto de nuestros derechos y un sinnúmero de aspectos más, seguirán siendo temas a potenciar en cada una de las manifestaciones artísticas y teatrales, porque lo que nos afecta ha de seguir siendo contada desde cualquiera que sea nuestro accionar en esta sociedad a la que pertenecemos.

 

 

REFERENCIAS

 

Carraro, F. (2000). Movimientos sociales y medios de comunicación alternativos. La experiencia de SODEPAZ. Intervención Psicosocial Vol. 9 No. 3, 361-370.

Casquette, J. (2001). Nuevos y viejos movimientos sociales en perspectiva histórica.

191-217.

Devesa, P. (s.f.). Las artes escénicas en los movimientos sociales y políticos: primeras aproximaciones. Obtenido de Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini: https://www.centrocultural.coop/revista/4/las-artes-escenicas-en-los- movimientos-sociales-y-politicos-primeras-aproximaciones

 

Delgado, M. (2016). Luchas estéticas, Los límites del artivismo. En Proyecto Atalaya, Arte y Compromiso. Experiencias para el cambio social, Artes y Movimientos Sociales. Andalucía, España.

 

ElTiempo. (12 de diciembre de 2018). ¿Por qué se rapó Patricia Ariza? El Tiempo.

 

León Palacios, P. C. (2017). Una experiencia estética desde lo político: el teatro en Bogotá durante los años 1960 y 1970. Historelo, Revista de Historia Regional y Local, 51-82.

Mejía, J. (1976). Persée. Caravelle. Cahiers du monde hispanique et luso-brésilien, 159-169.

Muñoz, M. y. (2016). La creación colectivateatral. Método de acción social y resistencia con el colectivo de personas sin hogar en Sevilla, España. Estudios Políticos (Universidad de Antioquia), 42-61.

Parramón, R. (2002). Arte, participación y espacio público. Foro, Arte y Territorio, (págs. 63-71). Burgos, España.

Somuano Ventura, M. F. (2007). Partidos políticis y sociales de América Latina: una relación cambiante y compleja. Política y Cultura No. 27, 31-53.

Tilly, C. (2000). La política de la desigualdad. En C. Tilly, La desigualdad persistente

(págs. 203 - 237). Manantial, Argentina.

Valenzuela, S. (3 de abril de 2019). El Pacifista. Obtenido de ElPacifista.TV: https://pacifista.tv/notas/condena-asesino-temistocles-machado-fiscalia-local- paramilitares/

 



[1] Comunicador Social – Periodista, Especialista en Gerencia Social, Maestrante en Comunicación, Desarrollo y Cambio Social, Ariolfo.velasco@uniminuto.edu, Profesor de la Corporación Universitaria Minuto de Dios – UNIMINUTO – Colombia https://orcid.org/0000-0001-7048-7430