La integración de la arquitectura bioclimática y la neuroarquitectura en entornos educativos como la Universidad de Guayaquil busca mitigar el estrés y mejorar el bienestar cognitivo, especialmente en estudiantes con trastornos psicosensoriales y del espectro autista. El diseño de espacios que aprovechan la luz natural, el contacto activo con áreas verdes y paletas cromáticas suaves —como el blanco, azul y verde— ha demostrado una disminución del 65% en las alteraciones sensoriales y un aumento del 50% en la concentración académica. Complementariamente, el urbanismo táctico se propone como una herramienta de planificación sostenible y participativa en sectores vulnerables de Guayaquil, como Mapasingue, para transformar espacios degradados mediante intervenciones de bajo costo. Aunque existe una brecha en la literatura empírica local, la convergencia de estos enfoques subraya que el diseño físico, basado en evidencia sensorial y participación ciudadana, es fundamental para promover la salud mental, la eficiencia energética y la cohesión social en el desarrollo urbano contemporáneo

DOI: https://doi.org/10.37957/rfd.v10i1

Published: 2026-01-06